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Arte feminista para expresar causa y sanar las heridas (parte 2)

Arte en CDMX: un abrazo para las mujeres, una confrontación al patriarcado 

El Ángel de la Independencia, uno de los símbolos más importantes de la Ciudad de México, fue bardeado en agosto de 2019 después de las pintas que quedaron en la base del monumento tras las manifestaciones feministas. Esos grafitis que representaron la rabia de las mujeres que demandan justicia por la violencia fueron invisibilizados con tablones. 

Irasema Fernández, escritora, artista visual y activista feminista decidió ir días después junto con algunas compañeras a tapizar esos tablones con carteles. “La policía abusa, viola y mata”, se lee alrededor del dibujo de una placa de la policía capitalina. “Dejemos de llamarle ‘vida privada’ y ‘secretos de familia’ a las historias de abuso sexual”, se lee en otro al lado. Un tercero, cambió los versos de un rezo: “Padre nuestro que estás en el cielo. Padre de la violación, Padre del racismo, Padre de la misoginia, Padre de la pederastia… Haz estéril tu patriarcado. Amén”. Estas piezas son parte de la serie Narrativas móviles, creada por Irasema.   

Se trata de un proyecto que mezcla la escritura y la acción callejera. «Surge al dejar mi espacio seguro y llevar esos mensajes confrontativos afuera”, dice en entrevista desde Alemania, donde ahora mismo desarrolla otras piezas de su obra.  

Aunque el arte feminista lleva décadas existiendo en México, fue hace un par de años que hubo un boom, sobre todo en el terreno de la gráfica hecha por mujeres. Desde ilustradoras hasta muralistas, performanceras o tatuadoras, tanto en el plano físico como en el virtual, las mujeres sintieron la necesidad de crear redes de apoyo, de manifestarse fuera de espacios individuales para expresar sus causas políticas y sociales. 

Una de las pioneras del movimiento en México es Mónica Mayer, quien lleva casi 50 años en el arte feminista. Ella es autora de una de las obras más representativas llamada  El tendedero, la cual es estéticamente llamativa, pero es además colaborativa, reflexiva y catártica y ha sido retomada para denunciar violencias hacia las mujeres. 

Para El tendedero, Mayer invitó a 800 mujeres a que completaran la frase: “Como mujer lo que más me disgusta de la ciudad es…” en pedazos de papel rosa. Cada respuesta fue montada sobre una estructura que aludía a este objeto sexualizado como femenino y doméstico, pero que pretende entablar un diálogo sobre la violencia que viven las mujeres en el espacio público de la Ciudad de México. 

Dicha pieza fue presentada por primera vez en una exposición colectiva en el Museo de Arte Moderno y una segunda versión se hizo en Los Ángeles, California, en 1979 dentro del proyecto visual Making it Safe de Suzanne Lacy. 

Del legado de Mónica Mayer, quien sigue activa en el arte, se desprende también el proyectoMutua, una comunidad experimental que desarrolla proyectos artísticos y pedagógicos. Uno de ellos lleva el nombre Limpiando el techo de cristal. 

Con un espíritu similar, pero desde el museo más nuevo que tiene la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), nacióBrillantinas MUAC. Es una colectiva con la idea de mantener un programa artístico con perspectiva de género en un entorno digital, pero con la intención de brincar a lo físico cuando sea posible. 

Natalia Millán, artista y gestora cultural en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), habla en entrevista sobre este proyecto gestado desde hace algunos años, pero parido por necesidad en abril de 2020. “La línea es de arte con perspectiva de género, pues integramos feminismos y hacemos coaliciones con movimientos queer. Nació como un llamado de unión a los movimientos feministas y mujeres en general que se vieron vulnerables ante el encierro”.  

En Brillantinas MUAC hacen trabajo de investigación, dan talleres, fungen de laboratorio, crean acciones positivas para el arte con perspectiva de género. Son parte de las redes sociales, un espacio donde hay esa libertad y ese poder de no necesitar una gestión, una curaduría o un proceso burocrático para que exista la obra o para que pueda ser mostrada 

El nombre de Brillantinas alude a la vez que, en una protesta feminista en agosto de 2019, al puro estilo de un acto perfomático, mujeres le arrojaron diamantina rosa a Jesús Orta, entonces titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México. “Es una idea poética de la voz colectiva, de que si se unieran a todas las chicas que han estado peleando y se transita a un objeto, serían unos cuantos kilos de glitter; donde cada cosa que una hace aporta a ese conjunto que tiene peso y brilla”, explica Natalia Millán. 

Arte feminista para expresar causa y sanar las heridas (parte 2)

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