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Leyenda: La bruja de Aculco que encerraba las almas de los niños en un árbol

Una de las leyendas más famosas del pueblo de Aculco en el Estado de México, es la de la bruja que por las burlas que recibió por parte de los pobladores, tomó venganza y por medio de un pacto satánico encerraba las almas de los niños en un árbol…

Cuenta la leyenda que hace muchos años en el pueblo de Aculco, cerca de Los Lavaderos públicos, vivía una mujer muy atractiva, de complexión delgada, piel dorada y con una cabellera larga.

A pesar de su inigualable belleza, los hombres no se le acercaban, pues además de que se decía que su familia practicaba magia negra, había algo de ella que no inspiraba confianza.

El tiempo pasó y nadie se atrevía a mirarla a los ojos, su deseo de ser madre se acentuaba conforme los años pasaban; ella estaba segura que a pesar de que nadie se le acercaba, podía llegar a ser una excelente madre que tenía mucho amor para dar a un hijo.

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Los intentos que hizo y sus deseos no alcanzaron para que aquella mujer pudiera quedar preñada lo que ocasionó que se llenara de amargura. Su semblante ahora era duro y su mirada penetrante, de aquella hermosa joven ya no quedaba nada.

Una tarde, mientras caminaba por el pueblo, escuchó el cuchichear de dos mujeres quienes se burlaban de ella por no poder tener hijos; la rabia que en ese momento sintió al escucharlas, la llevó a querer vengarse a como diera lugar.

La gente dice que su sed de venganza era tal, que hizo un pacto con el diablo; esto lo confirmaron cuando pasaban afuera de su casa y escuchaban que platicaba a gritos con alguien, aún sabiendo que ella estaba sola.

Los días pasaron y el ambiente en el pueblo empezó a cambiar, tres niños desaparecieron de manera misteriosa a lo largo de algunas semanas.

Los pobladores sabían que la mujer tenía algo que ver, por lo que decidieron arribar a su casa con antorchas, hachas, cuchillos y machetes.

Por más que tocaron a la puerta, nunca recibieron respuesta, así es que entre los más fuertes derribaron la puerta… la sorpresa que se llevaron, los dejó sin aliento. Un frío intenso y una neblina empezó a aparecer; del gran árbol de pirul que a sus espaldas se encontraba, salió una aterradora voz que gritaba insultos y palabras llenas de odio, la confesión de que ella era la bruja y de que había raptado a los niños fue emanada de aquel viejo árbol.

Ante aquella declaración uno de los pobladores dio un hachazo al árbol, el grito desgarrador de un niño se escuchó y la bruja burlándose, gritó a los pobladores que las almas de los niños raptados se encontraban atrapadas en aquél árbol.

De inmediato, las madres de los pequeños desparecidos se interpusieron para que nadie más tocara el árbol, los hombres comprendieron el dolor de las mujeres y decidieron alejarse de ahí con la consigna de que si alguien intentaba dañarlo, sería castigado.

Los años pasaron y la leyenda se sigue contando en Aculco; se dice que si por algún motivo cortas una rama o parte de la corteza, primero aparecerá una especie de líquido blanco, el cual después se convierte en sangre, y si esperas un poco más se puede escuchar el lamento de los niños y la risa burlona de la cruel bruja.

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