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EN EL CENTRO
La leyenda de Baltazar, el demonio que se enamoró de un angel

Cuenta la leyenda que hace muchos años, en el municipio de Pátzcuaro, Michoacán, cada domingo una muy bonita joven asistía a la iglesia del pueblo a escuchar misa, su belleza exterior era igual a la de su interior lo que dio pie para que Baltazar se enamorará de ella.

Una mañana, mientras se dirigía a la iglesia, la mujer se percató que un hombre alto, de cabello negro azabache y muy guapo la observaba.

Este guapo y varonil joven la siguió hasta su lugar de destino, sin embargo, él no ingresó al sitio sagrado, y cuando la misa finalizó y la muchacha salió, por más que lo buscó nunca lo encontró.

Una semana pasó y el día domingo volvió a llegar; para sorpresa de la chica, el joven una vez más la estaba esperando afuera de su domicilio; esto le emocionó mucho a ella y él se percató de eso, así que aprovechó para ofrecerse a acompañarla a la iglesia a lo cual ella sin decir palabra accedió.

Esa mañana la bella joven no pudo poner atención a la misa por estar pensando en el hombre, y sintiendo que había pecado decidió confesarse con el sacerdote al finalizar la ceremonia.

Cuando le explicaba al sacerdote lo acontecido, él le pidió que le describiera al joven, sin embargo, sus características no coincidían con ninguna de las personas que habitaban el pueblo lo cuál se le hizo muy raro al padre.

Nuevamente el domino llegó y la chica muy emocionada volvió a encontrarse con el apuesto galán, era momento de conocerse un poco más.

– Disculpe señorita, sería tan amable de decirme cuál es su nombre

– Me llamo Clara para servirle a usted y a Dios, y usted ¿cómo se llama?

– Mi nombre es Baltazar para servirle a usted y al señor.

Cuando llegaron a la iglesia, Clarita le comentó a Baltazar que el padre deseaba conocerlo, a lo que él respondió que ya lo conocía desde hace mucho tiempo y que eran viejos amigos.

Al finalizar la misa, Clara dio el mensaje al párroco que le había dado Baltazar y por más que trató de ubicarlos, no logró recordarlo.

Pasaron aproximadamente tres días, mientras el sacerdote dormía, Baltazar se puso frente a el y le comentó que se conocían de hace muchos años cuando era pequeño e iba camino a Paracho; él le había pedido ayuda cuando su embarcación se hundía.

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El sacerdote asustado le dijo que sí lo recordaba pero que él no era hijo de Dios, que era un demonio y que debía alejarse de Clarita.

Baltazar intentó explicar al padre Juan que estaba enamorado de la bella joven y que necesitaba que lo ayudará porque quería decirle quién era pero tenía miedo de ser rechazado; el padre se negó a ayudarlo y el demonio salió del lugar muy enojado.

Esa misma tarde el sacerdote buscó a Clarita para contarle lo sucedido y ella al enterarse decidió alejarse, sin embargo, Baltazar nunca dejó de esperarla afuera de su casa.

Un día Clarita cayó enferma de una extraña enfermedad, muchos médicos la revisaron y ninguno pudo saber a ciencia cierta qué era lo que padecía, su madre tuvo que llamar al padre para que le diera la extremaunción.

Cuando Baltazar se enteró de la situación rogó al sacerdote para que le permitieran ver a Clarita porque el la amaba de verdad. 

Al presentarse ambos frente a la cama de Clarita un resplandeciente destello los cegó y una voz que no sabían de dónde provenía culpó a Baltazar de la enfermedad de la chica, indicándole que una alma buena no debía enamorarse de un demonio.

El amor que Baltazar llegó a sentir por Clarita hizo que suplicara para que no muriera prometiendo él alejarse por siempre.

De pronto cuando la luz desapareció, el demonio se desvaneció para nunca más volver y con el paso de los días Clara recuperó su salud.

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