Las máscaras también tenían rasgos simbólicos, como se ve en las tribus de esquimales que viven en Alaska. Ellos creían en la doble vida de todo ser humano, de un lado humana, de otro animal. De esta forma, las máscaras también eran producidas con una función duplicada; en algunas fiestas se levantaba la más externa, revelando la otra máscara hasta entonces oculta. En el mundo occidental, los griegos antiguos fueron pioneros en el uso de máscaras con la adopción de las fiestas dionisíacas, perpetradas en honor de Dionisos, un dios responsable de los rituales del vino y la fertilidad. En estos momentos de festejo, todo el mundo bailaba, cantaba y realizaban orgías evocando la presencia de dios a través del uso de la máscara. Grecia también es la cuna del teatro, modalidad artística que recurría constantemente al encantamiento de las máscaras. Actualmente este hábito se perpetua en Japón bajo diversos géneros teatrales. Con la caída del Imperio Romano, los primeros cristianos prácticamente prohibieron el uso de máscaras, teniendo en cuenta que eran instrumentos de paganismo. En América, las máscaras desembarcaron junto con los europeos y de allí se transfirieron, tanto como juguetes infantiles como para bailes y otras fiestas. Ya en Venecia, en el siglo XVIII, las máscaras se convirtieron en objetos de uso cotidiano por todos y cada uno de sus habitantes, revelando únicamente nariz y ojos. Pronto fueron prohibidos debido a la dificultad de las fuentes policiales para la identificación de criminales que proliferaron durante la época. Actualmente se utilizan en las fiestas tradicionales y fechas especiales como Halloween, el famoso Día de las Brujas y en el Carnaval. Las máscaras también se utilizan en determinadas prácticas profesionales como manera de protección, como en los apicultores para protegerse del ataque de las abajes. En ciertas modalidades deportivas también existe el uso de máscaras, como la esgrima.
Fuente original: Escuelapedia.com
Las máscaras también tenían rasgos simbólicos, como se ve en las tribus de esquimales que viven en Alaska. Ellos creían en la doble vida de todo ser humano, de un lado humana, de otro animal. De esta forma, las máscaras también eran producidas con una función duplicada; en algunas fiestas se levantaba la más externa, revelando la otra máscara hasta entonces oculta. En el mundo occidental, los griegos antiguos fueron pioneros en el uso de máscaras con la adopción de las fiestas dionisíacas, perpetradas en honor de Dionisos, un dios responsable de los rituales del vino y la fertilidad. En estos momentos de festejo, todo el mundo bailaba, cantaba y realizaban orgías evocando la presencia de dios a través del uso de la máscara. Grecia también es la cuna del teatro, modalidad artística que recurría constantemente al encantamiento de las máscaras. Actualmente este hábito se perpetua en Japón bajo diversos géneros teatrales. Con la caída del Imperio Romano, los primeros cristianos prácticamente prohibieron el uso de máscaras, teniendo en cuenta que eran instrumentos de paganismo. En América, las máscaras desembarcaron junto con los europeos y de allí se transfirieron, tanto como juguetes infantiles como para bailes y otras fiestas. Ya en Venecia, en el siglo XVIII, las máscaras se convirtieron en objetos de uso cotidiano por todos y cada uno de sus habitantes, revelando únicamente nariz y ojos. Pronto fueron prohibidos debido a la dificultad de las fuentes policiales para la identificación de criminales que proliferaron durante la época. Actualmente se utilizan en las fiestas tradicionales y fechas especiales como Halloween, el famoso Día de las Brujas y en el Carnaval. Las máscaras también se utilizan en determinadas prácticas profesionales como manera de protección, como en los apicultores para protegerse del ataque de las abajes. En ciertas modalidades deportivas también existe el uso de máscaras, como la esgrima.
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