Fernando Delgadillo y un repertorio que dialoga con el tiempo
El pasado sábado 13 de diciembre, Fernando Delgadillo regresó al Lunario del Auditorio Nacional para ofrecer uno de los conciertos más emotivos de su agenda 2025. Lejos de los grandes montajes, el trovador apostó por la cercanía, la palabra y la canción, en una velada que confirmó por qué su obra sigue conectando con varias generaciones. Para muchos asistentes, fue más que un concierto: fue un reencuentro con historias que han acompañado momentos clave de la vida.
Desde semanas antes, la expectativa era alta. El propio artista y el Lunario habían anunciado la fecha como una de las últimas presentaciones del año, lo que convirtió el show en un evento especial. El recinto se llenó de seguidores fieles que respondieron con silencio atento, aplausos largos y coros suaves, fieles al espíritu de la trova.
Fernando Delgadillo despide el año y mira hacia 2026

Sobre el escenario, Fernando Delgadillo recorrió algunos de los temas más queridos de su trayectoria, combinándolos con canciones de su material más reciente, Noche de Luciérnagas, proyecto dividido en dos volúmenes. El equilibrio entre lo clásico y lo nuevo permitió que el concierto fluyera como una conversación honesta, sin prisas ni artificios.
Las letras, cargadas de imágenes cotidianas y reflexiones íntimas, encontraron eco inmediato en el público. Cada canción fue recibida como un relato compartido, reforzando esa complicidad que Delgadillo ha construido a lo largo de décadas como creador de la llamada “canción informal”.

El concierto en el Lunario se inscribe dentro de una breve recta final de presentaciones en diciembre, que culminan el 19 del mes en el Estado de México, marcando así el cierre oficial de su actividad en 2025. Este contexto dio al show un tono de despedida, aunque sin nostalgia forzada: más bien, como un punto y aparte.
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Con varias fechas ya confirmadas para 2026, Fernando Delgadillo demuestra que su proyecto sigue vivo y en movimiento. Su paso por el Lunario dejó claro que la trova, cuando se sostiene en la honestidad y la coherencia artística, no envejece: se transforma y sigue encontrando oídos dispuestos a escuchar.