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Víctor Macías
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Víctor Macías
febrero 20, 2013
HISTORIA DEL ÁRBOL

Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Y todos los días el niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y jugar al rey del bosque.

Subía por su tronco y se mecía en sus ramas y comía manzanas. Y ambos jugaban al escondite. Y, cuando estaba cansado, dormía bajo su sombra y el niño amaba al árbol… mucho.

Y el árbol era feliz. Pero el tempo pasó. Y el niño creció. Y el árbol se quedaba a menudo solo. Pero un día, el árbol vio venir a su niño y le dijo:

- Ven niño, súbete a mi tronco y mécete en mis ramas, come mis manzanas y juega bajo mi sombra y sé feliz.

- Ya soy muy grande para trepar y jugar. Dijo él.

-Yo quiero comprar cosas y divertirme. Necesito dinero. ¿Podrías dármelo?

-Lo siento, dijo el árbol, pero yo no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Coge mis manzanas y véndelas en la ciudad. Así tendrás dinero y serás feliz.

Y, así, él se subió al árbol, recogió las manzanas y se las llevó. Y el árbol se sintió feliz.

Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía… y el árbol estaba triste. Y entonces, un día regresó y el árbol se agitó alegremente y le dijo:

-Ven Niño, súbete a mi tronco, mécete en mis ramas y sé feliz. Estoy muy ocupado para trepar árboles. Dijo él. Necesito una casa que me sirva de abrigo.

-Quiero una esposa y unos niños, y por eso quiero una casa. ¿Puedes tú dármela?

-Yo no tengo casa, dijo el árbol.

-El bosque es mi hogar, pero tú puedes cortar mis ramas y hacerte una casa. Entonces serás feliz.

Y así él cortó sus ramas y se las llevó para construir su casa.

Y el árbol se sintió feliz.
Pero pasó mucho tiempo y su niño no volvía. Y cuando regresó, el árbol estaba tan feliz que apenas pudo hablar.

-Ven, Niño.  Susurró.

-Ven y juega, Estoy muy viejo y triste para jugar, dijo él.

-Quiero un bote que me lleve lejos de aquí. ¿Puedes tú dármelo?

-Corta mi tronco y hazte un bote, dijo el árbol. Entonces podrás navegar lejos… y serás feliz.

Y así él cortó el tronco y se hizo un bote y navegó lejos.

Y el árbol se sintió feliz… pero no realmente. Y después de mucho tiempo su niño volvió nuevamente.

-Lo siento, niño. Dijo el árbol.Pero ya no tengo nada para darte, ya no me quedan manzanas.

-Mis dientes son muy débiles para comer manzanas. Le contestó.

-Ya no me quedan ramas. Dijo el árbol. Tú ya no puedes mecerte en ellas

-Estoy muy viejo para columpiarme en las ramas. Respondió él.

-Ya no tengo tronco. Dijo el árbol. Tú ya no puedes trepar.

-Estoy muy cansado para trepar. Le contestó.

-Lo siento. Se lamentó el árbol. Quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Soy solo un viejo tocón. Lo siento…

-Yo no necesito mucho ahora. Contestó él. Solo un lugar tranquilo para reposar. Estoy muy cansado.
-Bien. Dijo el árbol reanimándose. Un viejo tocón es bueno para sentarse y descansar.

-Ven, niño, siéntate, siéntate y descansa.

Y él se sentó… y el árbol fue feliz.

 

El árbol generoso Caracas, Litexas Venezolana, 1997

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